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Fecundart: Los especialistas del instituto también están on line

Fecundart: Nuestros especialistas también están on line

Nota publicada por La Voz del Interior el lunes 24 de setiembre de 2018

 

El centro de fertilización asistida también cuenta con el servicio de consultas remotas. Una atención personalizada, simple, confiable y en tiempo real desde la comodidad del hogar.

La tecnología hace tiempo que llegó para quedarse. Incluso, cada vez son más los problemas que se resuelven gracias a los avances tecnológicos. Por caso, es frecuente ver el interés de los pacientes en realizar consultas on line con un especialista médico.

La tendencia de digitalizar el servicio de consultas médicas de calidad ya lleva unos años implementándose en Argentina. Esta alternativa optimiza la comodidad y conveniencia del paciente para obtener un acceso fácil, rápido y seguro a los profesionales de la salud.

Evita además los gastos ocasionados por el transporte y la pérdida de jornadas laborales para aquellas personas que viven fuera de la ciudad de Córdoba.

En esa línea, el plantel de especialistas de Fecundart, uno de los principales institutos que realiza tratamientos de reproducción asistida en el interior del país, brinda también la posibilidad de atender a sus pacientes por videoconsulta, servicio en el cual el profesional atiende la consulta privada por videollamada en un horario establecido, simulando una consulta presencial en tiempo real.

Desde la entidad médica aseguran que esta modalidad de prestación es cada vez más frecuente entre sus pacientes y que su funcionamiento es relativamente sencillo, dados los avances tecnológicos que hay en la actualidad.

De esta forma, Fecundart procura ampliar la gama de servicios para pacientes, sin perder su objetivo principal que es “cuidar tu deseo, hasta el mínimo detalle”.

Cómo funciona una videoconsulta

Esta prestación, cara a cara con el especialista desde la comodidad del hogar y con turnos programados, se brinda tanto a pacientes de la ciudad, la provincia, el país o el exterior.

El paciente solicitará el turno (vía telefónica o web) con la secretaría del instituto para acordar el horario de la consulta.

El servicio es concretamente una videollamada por Skype, o un programa similar que permita la comunicación de texto, voz y video.

El especialista desde su consultorio, con su computadora personal con cámara integrada, atenderá a la paciente en su casa, delante de su computadora, tablet o smartphone.

Para que la comunicación sea exitosa, lo ideal es que ambas partes cuenten con una conexión de internet óptima.

Durante la primera videoconsulta, el médico realiza la historia clínica del paciente, interpreta los estudios realizados y aporta la información y orientación necesarias.

Es una opción de fácil acceso, conveniente y confiable para el paciente y para el profesional.

Para más información se puede enviar un correo a la siguiente dirección: administracion@fecundart.com.ar

Doctora Carla MAINO

Doctor José PEREZ ALZAA

Nueva sede: Jacobo Joule 5353, esquina Laplace, en Villa Belgrano. 1er piso, Edificio Quadra 54.

Casa Central: Paraná 545 Nueva Córdoba.

Teléfono: (0351) 4257182

Villa María: Raúl Scalabrini Ortiz 873.

Sitio web: www.fecundart.com.ar.

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40 años de la fertilización “in vitro”: la ciencia de venir al mundo

  Nota publicada por La Voz del Interior el 22 de julio de 2018 • Número Cero

Louise Brown, la “primera bebé probeta”, cumple 40 años. Con esa técnica nacieron ya ocho millones de niños. Cómo cambió la manera de pensar en la familia, y cómo el tema sigue despertando polémica y discusiones entre médicos y especialistas.

Cuando la británica Louise Brown cumpla años este miércoles, millones de personas podrían dedicar un momento de su día para celebrarlo de una u otra forma, aunque más no fuera que con un silencioso “gracias”.

Es que el nacimiento, hace exactamente cuatro décadas, de esta mujer, llamada “la primera niña probeta” –denominación que no gustó a muchos científicos por ser inexacta y sensacionalista–, fue un avance en la lucha contra la infertilidad, y también abrió la puerta a toda una revolución en la vida de familia a nivel mundial y a la concepción de la reproducción como un derecho y no como un destino o el arbitrio de la naturaleza.

Brown es hija de Lesley y John Brown, ambos hoy fallecidos, pero también tuvo otros “padres” o tíos, como terminó siendo para ella Patrick Christopher Steptoe, ginecólogo obstetra que murió en 1988 a los 74 años; y Robert Geoffrey Edwards, fisiólogo de la reproducción y biólogo, cuyo deceso se produjo en 2013, a los 87 años, tres años después de haber recibido el premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Fueron estos dos últimos los científicos que crearon la técnica que permitió que Louise Brown –y cuatro años después su hermana, Natalie– fuera concebida: la fertilización in vitro. Después de ella, más de ocho millones de niños fueron gestados gracias a ese método de reproducción asistida.

John Brown, camionero de los ferrocarriles británicos, ganó en 1977, en una lotería de fútbol, las 800 libras que permitieron a la pareja recorrer los kilómetros que separaban su ciudad portuaria, Bristol, de la industrial Oldham, cercana a la más conocida Mánchester, para encontrarse con Edwards y con Steptoe, quienes trabajaban en colaboración desde hacía 15 años y habían hecho una carrera en el campo de la medicina reproductiva. El primero había desarrollado un método para fecundar óvulos en laboratorio y el segundo había perfeccionado el modo de extraer óvulos de los ovarios con el uso de un laparoscopio, un instrumento tubular ultradelgado con un dispositivo óptico que permite observar el interior del cuerpo humano y también obtener material de él.

El procedimiento

Lesley Brown, de 32 años, tenía una obstrucción en las trompas de Falopio que impedía que sus óvulos se encontraran con los espermatozoides de John, con quien había intentado tener un hijo durante nueve años. Le extrajeron un óvulo, lo colocaron en una placa de Petri y, gracias a que estaba maduro para ser fecundado (momento en que se puede detectar porque cambia ligeramente su forma), pudo fusionarse con el espermatozoide de John. Mantuvieron el cultivo dos días y medio, y luego el embrión fue implantado en el útero, donde se desarrolló normalmente y estuvo con el monitoreo permanente de Steptoe y de Edwards, quienes habían hecho firmar al matrimonio un consentimiento que incluía la posibilidad de practicar un aborto si había malformaciones en el feto y condiciones de seguridad para el parto, que se realizó con la presencia de guardia policial en el hospital General de Oldham.

Louise lloró por primera vez el 25 de julio de 1978, a las 11.47, tras su alumbramiento por cesárea. Fue filmada y fotografiada desde ese momento hasta el día de hoy cientos de veces porque cada episodio nuevo de su vida es una prueba para la ciencia, como cuando tuvo a sus dos hijos varones por reproducción natural o cuando escribió en 2015 su libro My life as a test tube baby(Mi vida como una bebé de tubo de ensayo). Su existencia sin más problemas que los ordinarios es una prueba de que la técnica de reproducción asistida por fertilización in vitro era buena.

Derivaciones

César A. Sánchez Sarmiento, director médico y jefe del área de medicina reproductiva del centro especializado en fertilidad cordobés Nascentis, destaca tres tipos de derivaciones de este paso científico revolucionario.

Uno está relacionado con los progresos que siguieron a esta técnica de reproducción, principalmente la aparición en 1992 del método de microinyección intracitoplasmática (Icsi, por su sigla en inglés), que permite insertar un espermatozoide en el óvulo para facilitar la fecundación y resolver así algunos de los problemas asociados con la infertilidad masculina, como la escasa producción, concentración o movilidad de los espermatozoides.

RELACIONADA. El primer bebé cordobés que nació con la técnica Icsi

Otra derivación tiene que ver con los avances en los estudios genéticos, ya que hoy la técnica in vitro hace posible la evaluación genética del embrión antes de ser implantado en el útero materno para su desarrollo.

“Y también deben analizarse las repercusiones desde el punto de vista de las parejas o de las personas, porque no sólo hay parejas que buscan así tener hijos. La fertilización in vitro ha permitido la instalación de diferentes formas de familia”, destaca. “Es decir, ha evolucionado todo: junto con la fertilización in vitro ha cambiado la sociedad también de una manera bastante paralela, e independientemente de que uno esté de acuerdo o no”, explica.

Polémica y conflictos

Desde que se conoció el caso de Louise Brown a fines de la década de 1970, esta técnica de reproducción asistida ha generado polémica y conflictos éticos. El solo hecho de que no hiciera falta una relación sexual para la concepción abrió el camino de la controversia, que se profundizó décadas más tarde con la posibilidad de congelar embriones para gestionar el tiempo de la implantación y la gestación.

“La primera pregunta fue: ‘Estamos haciendo que óvulos y espermatozoides se junten en un medio ambiente que no es el natural, ¿qué va a salir de eso?’”, describe Sánchez Sarmiento. El tiempo y Louise Brown demostraron que lo que surgió fue un ser humano cuya única excepcionalidad –que, con los años y la popularización de la técnica, dejó de serlo– era la forma de concepción.

Las nuevas tecnologías han hecho de la asistencia médica para la reproducción una actividad lucrativa en el mundo; sin embargo, distintas concepciones legales hacen que los países se diferencien también en precios y en formas de financiamiento. En Argentina, desde el 25 de junio de 2013, rige la Ley de Reproducción Médicamente Asistida, que tiene como fin “garantizar el acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción médicamente asistida”, es decir, “los procedimientos y técnicas realizados con asistencia médica para la consecución de un embarazo”, incluyendo los que comprenden la donación de óvulos o esperma.

Este último punto es uno de los potencialmente más conflictivos, ya que la inexistencia de un registro de donantes en el país impide que muchos niños nacidos gracias a ese aporte de terceros tengan datos relacionados con su identidad, que involucran su salud presente y futura, así como su propia reproducción.

La norma sufrió modificaciones y complementaciones, como por ejemplo el límite de edad de la mujer para la cobertura a los 44 años, en el caso de que el tratamiento implique el uso de óvulos propios, y a los 51 años, cuando el procedimiento sea por ovodonación. La restricción –que para algunos médicos tendría que haber sido mayor– apunta a evitar las complicaciones asociadas a la edad.

“Sin dudas, la filosofía de vida de muchas mujeres ha ido cambiando en estos últimos años. Si antes las mujeres llegaban a la consulta antes de los 30 años, hoy es habitual que tengan 36, 37 o 38 años cuando consultan por primera vez. Pero el reloj biológico no las espera: la reserva ovárica disminuye a veces de manera dramática y las posibilidades de embarazo se reducen o a veces se convierten en casi imposibles”, explica Santiago Brugo Olmedo, especialista en Medicina Reproductiva y director médico de Seremas, que formó parte del equipo que realizó la primera fertilización in vitro de la Argentina. El caso correspondió a los mellizos Eliana y Pablo Delaporte, quienes nacieron en Tucumán el 7 de febrero de 1986.

RELACIONADA. La historia de Mario Luna y sus mellizos

Para otros especialistas es una actividad que tiene potencial también para atraer pacientes de otros países. “Del exterior vienen a la Argentina para hacer esos tratamientos. En la mayoría de los casos, porque es más económico y el tipo de cambio favorece. Somos muy competitivos, en el país hay centros montados con tecnología equiparable a la que hay en Estados Unidos y con estándares internacionales. También hay países en los que las leyes son más restrictivas”, sostiene Andrea Divita, fundadora en Buenos Aires del Centro In Vitro y vocal de la Cámara Argentina de Turismo Médico.

Más allá de su futura rentabilidad, también se avizoran variantes y nuevos desarrollos que prometen ser igual de sorprendentes que en el pasado. En ese sentido, José Pérez Alzaa, director médico del centro cordobés Fecundart, cuenta que a nivel mundial se está trabajando en “la creación in vitro de óvulos y espermatozoides a partir de células madre”, aunque aclara que actualmente está en etapa de investigación básica. “Equipos japoneses han creado espermatozoides y óvulos a partir de células madre en ratas, las cuales han generado embriones y nacimiento a término”.

Los padres de Louise Brown destinaron todo el dinero que recibieron por dar entrevistas o por permitir la captura en imágenes de su hija a un fideicomiso destinado a ser usado por ella. Ese fue su legado a su primogénita. El legado al mundo es invaluable.

Por Alejandra Beresovsky @aleberesovsky

Editora Adjunta de Ciudadanos.

 

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La vitrificación, 20 años después

Luego de 20 años de investigación, el método de crioconservación de óvulos, embriones, espermatozoides y tejido ovárico llamado “vitrificación” ha dado como resultado tratamientos exitosos.

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Por José Pérez Alzaa*

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Luego de 20 años de investigación, el método de crioconservación de óvulos, embriones, espermatozoides y tejido ovárico llamado “vitrificación” ha dado como resultado tratamientos exitosos. Se trata de una técnica simple, pero altamente demandante de la experiencia del operador y vino a reemplazar a la antigua criopreservación de gametos que es la “congelación convencional” (o congelación lenta).

Estudios recientes muestran que con la vitrificación se obtienen muy buenas tasas de supervivencia ovocitaria, fecundación y embarazo, similares en algunos casos a los obtenidos con ovocitos frescos (no vitrificados).

El primer nacimiento proveniente de ovocitos humanos vitrificados se dio en 1999, pero fue entre el 2005 y 2010 cuando las publicaciones científicas empezaron a mostrar excelentes resultados de esta técnica que en los últimos años ha sido puesta en práctica en casi todos los servicios de reproducción asistida del mundo.

En Francia se autorizó su utilización a partir de 2011 gracias a los trabajos realizados por el especialista Pierre Boyer, a quien el gobierno francés le encargó su implementación.

Un año después, expertos de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM por su sigla en inglés), una de las dos sociedades de especialistas en reproducción más importantes del mundo, quitaron a esta técnica la etiqueta de “experimental” y recomendaron, además, su uso como terapia apropiada en pacientes confrontados al riesgo de infertilidad, debido a la quimioterapia u otros tratamientos similares.

Actualmente, la indicación de su aplicación se da para preservar la fertilidad en pacientes próximas a someterse a tratamientos de quimioterapia o radioterapia y en aquellas mujeres que retrasan su maternidad por razones sociales, laborales o económicas.

Además, de esta forma, se evita la criopreservación de un número no necesario de embriones, reduciendo los problemas éticos que se pudieran generar.

También permite prevenir el síndrome de hiperestimulación ovárica y se aplica en los programas de ovodonación debido a que simplifica la coordinación entre donantes y receptoras.

En pacientes con dificultades para obtener buenas respuestas a la estimulación ovárica (baja respondedoras) permite almacenar los pocos ovocitos que generan estas pacientes.

En 2009, en Córdoba se empezó a trabajar con programas de vitrificación ovocitaria y se logró uno de los primeros embarazos del país con esta técnica.

*Director médico de Fecundart, Instituto Integral de  Reproducción Asistida.

Cortesía de la Voz del Interior, Link: http://www.lavoz.com.ar/salud/la-vitrificacion-20-anos-despues TW: @fecundartfund FB: Fecundart Fundación.

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Mamá desde el primer deseo

Proceso, Estudios y controles preconcepcionales y prenatales que se deben realizar para que mamá y bebé lleguen sanos y cuidados al momento del parto.

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Ecografia. Dianela Juncosa, a días de ser mamá de Catalina (La Voz / Raimundo Viñuelas).

Por Romina Martoglio (Especial)

 

Dicen que ser mamá es algo que todas las mujeres llevan impreso en su naturaleza, un instinto que se expresa no sólo en la reproducción, sino también en cada actitud de protección y cuidado.

Y aunque se trata de procesos absolutamente naturales, el embarazo y el parto pueden implicar riesgos, por lo cual la medicina desarrolló estudios y seguimientos específicos para brindar la mayor seguridad posible a mamás y bebés.

Decidir y planificar

La atención primaria preconcepcional es un concepto que quiere imponerse en la obstetricia. Alejandro Cugnini, jefe del Servicio de Obstetricia de la Clínica y Maternidad del Sol, donde se creó un área de investigación preconcepcional, explica que se trata de realizar consultas previas a la búsqueda del bebé para encontrar antecedentes en la futura mamá y ubicarla en los grupos de bajo, mediano o alto riesgo, para luego, una vez logrado el embarazo, indicarle de qué manera hacer los controles.

“El examen preconcepcional permite a la pareja asegurarse de que se encuentra lo más saludable posible antes de concebir”, indica Cugnini. Y añade que posibilita al médico identificar, y a menudo tratar, trastornos de salud que podrían representar un riesgo durante el embarazo, como diabetes, asma, enfermedad inflamatoria intestinal, depresión, artritis reumatoide, síndrome antifosfolipídico, enfermedades cardíacas, renales, tiroideas o fenómenos tromboembólicos, hipertensión arterial, infección por el virus de la hepatitis B, infección por el VIH/sida, entre otras.

El feto, un paciente

Ya logrado el embarazo, el cuidado prenatal constituye el mayor avance en el manejo de la futura mamá y juega un rol fundamental en la marcada reducción de la mortalidad maternoneonatal.

Paulina Mangupli, especialista en Diagnóstico por Imágenes y Directora de Diagnus, explica que en las últimas cinco décadas la medicina incorporó un profundo conocimiento sobre el feto humano y su hábitat inmediato: “Hasta entonces se consideraba al feto como un apéndice materno y prevalecía la filosofía de que una buena asistencia a la madre mejoraría automáticamente el fruto de la concepción. Pero en la actualidad sabemos que el bebé durante la gestación se enfrenta a diferentes riesgos de morbimortalidad, por lo que los estudios cada vez más específicos permiten considerar al feto como paciente”.

Así, la evolución científica de los últimos 20 años ha brindado la esperanza de que muchas complicaciones de la gestación sean potencialmente detectables desde tan temprano como la semana 10.

“La ecografía de las semanas 11 a 13 combinada con los antecedentes maternos y análisis bioquímicos específicos de sangre permiten definir el riesgo de cada paciente para complicaciones tales como aborto, muerte fetal, parto prematuro, preeclampsia, diabetes gestacional, restricción del crecimiento intrauterino, macrosomía fetal, cromosopatías y algunas malformaciones congénitas mayores”, indica Mangupli.

“En el diagnóstico prenatal hay métodos que son de screening o tamizare, para identificar pacientes con riesgo de alguna anomalía cromosómica; y métodos que son de diagnóstico, es decir de confirmación diagnóstica”, explica José Ordoñez, especialista en obstetricia y medicina reproductiva, director de Origen.

Dentro de las técnicas de screening , se encuentra la translucencia nucal, presencia de huesos nasales, flujo de ductus venoso y tricúspideo y test en sangre que se pueden hacer durante el primer y segundo trimestre y cuya tasa se sensibilidad alcanza hasta el 95 por ciento para detectar aneuploidías, es decir trastornos en la cantidad de cromosomas, como la trisomía 21 (Síndrome de Down), 18, 13, X e Y, entre otras.

“Lo ideal es hacer estos estudios en el primer trimestre y seguirlos en el segundo. Si los resultados arrojan probabilidad alta de algún inconveniente, entonces se indica un método de diagnóstico confirmatorio, como la biopsia de vellosidades coriales, una biopsia de la placenta que se hace a través de una punción y puede realizarse desde la semana 12 de gestación”, explica. Ordoñez precisa que también existe la punción de líquido amniótico, que se puede llevar a cabo entre las 16 y las 20 semanas (en algunos casos más tardíamente), pero como la técnica consiste en el cultivo de células fetales, requiere de dos a tres semanas para obtener el resultado. “Estos son métodos invasivos confirmatorios”, manifiesta.

El especialista también indicó que lo que se está realizando en la actualidad es la secuenciación masiva del ADN fetal libre en sangre materna. “Existe alrededor de un 5 por ciento de células fetales en la sangre materna. Entonces, a partir de una muestra de sangre se puede obtener ese ADN y llegar a los mismos datos que los estudios mencionados, pero con mayor precisión y sin riesgos”, indica, y agrega se puede realizar alrededor del mes y medio de embarazo.

En Córdoba a este estudio lo realizan Diagnus y Fecundart gracias a acuerdos con laboratorios extranjeros. Mangupli explica que este estudio tiene una sensibilidad del 99 por ciento y una tasa de falsos positivos muy baja (0,1 por ciento), detecta riesgo para las alteraciones cromosómicas más frecuentes, y también puede analizar, si se requiere, el sexo fetal y cromosomas sexuales.

En tanto, también existe un test genético preconcepcional, para el que se requiere una muestra de sangre o saliva de la pareja.

“Está especialmente indicado para las personas que padecen infertilidad, que tienen antecedentes en su familia de enfermedades genéticas o simplemente para quienes quieran conocer si presentan alguna predisposición para transmitir enfermedades hereditarias a sus hijos”, cuenta Sandra Miasnik, miembro titular de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (Samer). “Si se detectara que ambos miembros de la pareja portan mutaciones que, al combinarse entre sí, pueden traducirse en una enfermedad genética severa en su descendencia, existen tratamientos que permiten identificar e implantar embriones libres de genes que pudieran llegar a bajar la calidad de vida del bebé o complicaciones que se pudieran generar durante el embarazo”, añade.

José Pérez Alzaa, especialista en medicina reproductiva y director médico de Fecundart, sostiene que estos estudios ayudan a parejas con riesgo elevado de inducir enfermedades genéticas a tomar decisiones como la anticoncepción, la adopción, o tratamientos de reproducción asistida. Y agregó: “Nosotros contamos con tecnología para la realización del diagnóstico genético preimplantatorio, que permite diagnosticar en el embrión de un número importante de enfermedades genéticas.

Subfertilidad

En este gran tema que es el embarazo y la maternidad es necesario tener en cuenta a aquellas parejas que presentan algún problema relacionado con la fertilidad y no pueden tener bebés. En estos casos, se recomienda una consulta con especialistas en medicina reproductiva.

Pérez Alzaa explica que, en cuanto al diagnóstico, a estas parejas se les indica, en primer lugar, el despistaje serológico de enfermedades infectocontagiosas potencialmente dañinas para el embarazo, como toxoplasmosis, sífilis, rubéola, HIV, hepatitis b y c, y citomegalovirus. Además el control ginecomamario anual y la valoración cardiovascular y clínica, sobretodo en pacientes mayores de 40 años.

Luego, se procede a estudios que evalúan el factor masculino, el factor ovárico y el factor tuboperitoneal (trompas y útero).

“El hombre y la mujer son sometidos a estudios para detectar cuál es el inconveniente. En el caso del hombre, el estudio clave es el espermograma, que permite conocer la cantidad, calidad y movilidad de sus espermatozoides. Y en el caso de la mujer, se realizan estudios hormonales que evidencien la ovulación, o bien, si no hay ovulación, cuál es la causa. Y también se realiza la histerosalpingografía, que permite conocer el estado del útero y de las trompas de Falopio”, explica Gustavo Gallardo, especialista en fertilidad del centro de medicina reproductiva Nascentis.

Daniel Estofan, director médico de Cigor, agrega que de acuerdo al resultado de estos primeros estudios, es posible proceder a realizar otros de mayor complejidad.

“La paciente subfértil que consigue embarazarse espontáneamente presenta un riesgo mayor de embarazo ectópico (fuera del útero. En las trompas de Falopio, por ejemplo), sobre todo si tiene antecedente de infecciones pelvianas, un embarazo ectópico previo o cirugías en las trompas de Falopio”, sostiene Pérez Alzaa. “Por lo tanto, es importante que consulte al especialista para confirmar la ubicación del embarazo y también su evolución”, concluye el profesional.

Un embarazo pleno

Cada instancia del embarazo requiere de cuidados y estudios específicos. Y en este sentido, aquellos embarazos normales seguirán procesos diferentes que aquellos más complejos. Se calcula que, en condiciones ideales, una mujer atraviesa un promedio de 12 controles durante los nueve meses.

Las parejas que no logran embarazarse de manera natural pueden someterse a tratamientos de fertilidad asistida, que se dividen en baja complejidad, como la inseminación intrauterina, y alta complejidad, como la fertilización in Vitro.

“Una vez atravesado el tratamiento correspondiente y con un resultado positivo, los controles siguen el proceso normal. Un embarazo logrado por fertilización asistida no tiene ningún riesgo por encima de un embarazo normal, pero tampoco tiene menos riesgos. Es decir que no hay riesgos derivados del tratamiento en sí mismo, sino que pueden estar asociados a las características y antecedentes de la mujer”, explica Gallardo.

Pérez Alzaa destaca que debido a que un buen porcentaje de estos embarazos son múltiples, que el promedio de edad es mayor que el de la población embarazada no estéril (36-37 años), y que muchas de estas pacientes tuvieron patología previa (miomas, cirugías uterinas etcétera), deben considerarse de alto riesgo, por lo que demandan un cuidado más estrecho.

Cortesía de La Voz:  http://www.lavoz.com.ar/salud/mama-desde-el-primer-deseo

 

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